Connie se levantó de prisa, menos mal no había logrado su objetivo de bajarle la cremallera porque entonces sí, estarían perdidos.
—No estamos haciendo nada malo oficial — dijo Connie ruborizada.
—No se preocupe oficial, yo respondo por lo que sea, pero deje que la señorita se vaya — dijo Gabriel tajante.
—Lo siento, pero es mi deber remitirlos a los dos a la comisaría — dijo el policía con una sonrisa de burla.
—Le aseguro que usted y yo podremos resolverlo, pero mi novia tiene que llegar a ca