SARAH
Me quedé congelada justo fuera de la puerta del despacho de Mr. Blackwood, la mano todavía agarrada a la manija. Era tarde, muy pasada la hora de salida, y solo había vuelto porque dejé mi cargador de teléfono tonto en su escritorio.
Todo el piso estaba oscuro y vacío, salvo por el delgado rayo de luz bajo su puerta. Estaba a punto de tocar cuando oí su voz profunda, baja y grave, como si hablara con alguien en altavoz.
—Yeah, ella es la indicada. Esa secretaria tan ajustada mía. Llevo me