31. Fachada
El resto de la tarde pasó de la misma forma, la conversación era amena, pero poco profunda, los esfuerzos de ambos estaban en mejorar las condiciones dentro de la cabaña y en la cabeza de William no dejaba de dar vueltas la posibilidad de armar un pequeño espacio especial para que el bebé estuviera cómodo y fuera de peligro, así, Regina dejaría de meterlo en el tronco del árbol, mientras trabajaba en la huerta.
—Es hora de que vuelva al castillo —dijo Regina, cuando se asomó a la ventana y vio