18. La venganza de la señora Poms
Unos golpes a la puerta, terminaron de despertar a William, solo que esta vez, no alcanzó a dar su autorización, para que entrara quien tocaba, sino que, Raymond entró, seguido por varias doncellas, que tras una rápida reverencia ante el príncipe, siguieron al baño, para alistar la tina.
—Demonios —gruñó William en el momento en el que su consejero abrió la cortina de par en par y dejó entrar los intensos rayos de sol, que alumbraban esa mañana.
—Su Alteza… William —lo llamó el hombre con un