Epílogo: parte 2.
Bennett
En mi niñez siempre me vi solo, las salas eran grandes, pero no había más que un sirviente dispuesto a lamer mis pies si se lo pedía. Nadie más.
Al morir mi madre, Joseph se hundió en su despacho ignorándome por días en los que solo coincidíamos por mera casualidad. Las pocas veces que nos encontramos se le iba la lengua de más hasta quedar dormido, mientras regresaba a mi dormitorio a lo mismo, soledad.
Con su muerte me dejó peor. Ni siquiera tenía a un fantasma cerca.
Mis tres marc