Capítulo 142.
Bennett
Mi cordura ya no existe más. No puedo hacer algo si la serpiente rusa no se cuela por cada maldit0 pensamiento que tengo. Es escurridiza. Una entrometida porque a pesar tener dos balazos y dos puñaladas de su autoría, que duelen como la mierd@, no puedo dejar de perseguirla.
La veo por el retrovisor y esta solo come chocolate en barra hablándole a Cerbero que se muestra tranquilo.
Mucho más maduro que su dueña.
—Y nunca seas como el tonto que conduce, mi amor. —le dice ella arruinan