Sabiendo que no puedo huir de mi jefe y que tengo mi escudo al estar Taddeo presente, me siento en la mesa donde los dos hombres no se han sentado, esperando que yo llegue y lo haga primero.
— No necesitan esperarme, para sentarse. — digo, recordando que desde que regresé del hospital por un sangrado, los dos han estado más atentos a mi salud y siempre comemos juntos.
Bueno, la única comida que no compartimos es el desayuno, porque el señor se levanta temprano y Taddeo es tan cómodo durmiendo