Intento procesar lo que sucede, porque mi jefe se marchó dejándome con un sinfín de pensamientos que se enredan entre sí. Preocupada, caminó de un lado al otro deseando saber que hacer a continuación y si fue buena idea aceptar dicha locura.
— Seguramente acepté, porque estaba débil… de su beso. — susurro y cubro mi rostro avergonzada.
No sé que hacer y ya es demasiado tarde para arrepentirme y decirle que cancelo lo que he dicho, sobre todo, cuando no quiero cancelarlo.
Porque esa es la rea