Estoy sentada en la extensa mesa de mi casa, repleta de personas que comen y platican.
Jamás me había sentido tan incomoda en este ambiente.
Estoy realmente cansada de estar obligada a asistir a estas cenas. Lo único que iba a hacer menos tortuoso este evento era que los Hamilton también asistirían.
¡Y vaya decepción la que me lleve cuando solo vi pasar por la puerta al señor George y a la señora Marie, sin Adam!
Entorno los ojos al aire cuando el señor Bernard me pregunta por tercera vez si qu