—¿Por qué me busca, señor Mendoza? —Carmen se sentó frente a su exjefe. Tenía que admitir que le sorprendía que él quisiera verla.
Después de aquella noche, no pensaba que él quisiera tener nada que ver con ella. Y desde luego no esperaba que él la buscara después de su último encuentro.
—¿Necesita algo o...? —continuó Carmen.
—He venido a disculparme por lo de...
—Creo que ya puede irse. No hay nada de qué disculparse —Carmen se dirigió hacia la puerta principal.
—No es culpa suya en absoluto