Gruño con fuerza por el dolor que eso me provoca mientras lo observo levantarse con la mano en su cuello mirándome con profunda ira.
—Soy mejor que Artemisa bastardo, recuerda eso cuando me quieras joder, yo no siento una mierda por ti, así que no voy a fallar —sonrío sin dejar de verlo.
—Maldita, voy a quebrarte, te lo juro y cuando eso pase me rogarás que te mate.
—No eres el primer bastardo que intenta eso, te deseo suerte, porque la vas a necesitar.
No dice nada y sale de la celda dejándome