Para intentar no pensar en el bebé, en Grayson y en todo lo demás, Ari decidió repasar sus planes para la Casa de Henley. Grayson le había preparado un despacho junto al suyo, y ella pensaba empezar a utilizarlo.
Ari sabía lo que quería que fuera la Casa de Henley, pero también quería saber lo que pensaba su hermana.
Llamó a la puerta de la habitación de Henley, pero Hildegard, una de las enfermeras de Henley, abrió la puerta.
—¿Está bien Henley? —preguntó, asomándose, mirando a su alre