Ari se había quedado dormida de camino a casa, a pesar de sus esfuerzos por mantenerse despierta. Pero la falta de sueño y el continuo movimiento de Grayson acariciando su pelo, hicieron que fuera inevitable. Ahora que estaba con él de nuevo, el mundo podría desmoronarse y a ella no le importaría.
El estómago le dolía un poco, despertándola.
—¿Estás bien? —preguntó Grayson, con la voz llena de preocupación.
Ari asintió: —Me duele un poco el estómago, pero estoy bien. Sólo necesito descan