Augusto:
Su respiración es entrecortada y su pecho sube y baja a una gran velocidad, poniendo sus redondas y exquisitas tetas en mi cara. Todo su cuerpo está rígido debajo de mí, y yo…creía que me gustaban las mujeres pequeñas de estatura justo hasta este momento.
—Suélteme, por favor. Déjeme. Usted no quiere hacer esto.- patalea, intentando zafarse de mi agarre.
—Ay, pero te equivocas conejita. Claro que sí deseo hacer esto.- susurro burlonamente, besando su cuello.
—¡Eres un bruto, un anim