Entré despacio a su estudio, era un lugar imponente y grande, me sentí tan pequeña allí dentro. Allí estaba él, con su rostro algo serio y aparentemente concentrado, se veía tan atractivo cuando fruncia el ceño de ese modo. Cuando me vio, se quedó observándome fijamente tal como lo hacía cada vez que parecía que me desnudaba con los ojos.
No me decía palabra alguna, solo me miraba con esos ojos penetrantes.
—Hola… —saludé, intentando romper el hielo. Eso lo desconcertó, se puso de pie y caminó