El aire me daba una ventaja que era adictiva, el bajar los pies a la tierra no me tentaba en lo absoluto. Podía moverme con una ligereza tan habitual, como si tuviera un entrenamiento de toda la vida. Los lobos no podían contra el vuelo, eso los asustaba y los tomaba por sorpresa. No mataba a nadie, no obstante, no iba a convertirme en una asesina porque esa no era mi naturaleza.
El fuego que brotaba de mi pecho era tan intenso que el poder salía sin problema. Liberarlos era el primer paso y la