Lo había salvado, claro que eso no era justo para mí, porque él me dejó morir como si nada, como si no fuéramos familia. Estaba frente a mí, pálido como una hoja de papel y no podía evitar tiritar de miedo.
—¿Piensas que estás muerto, Jayden? —pregunté, con una sonrisa sarcástica.
El no contestó, estaba aterrado, la explosión nos dio unos segundos. Me subí al auto que tenía en mi poder, un deportivo azul oscuro con vidrios polarizados. Abrí la puerta del acompañante y le indiqué que subiera de