No me quedaba en claro si se burlaba de mi o de los poderes de Kat, pero se había ahogado con esa carcajada por minutos y comenzaba a fastidiarme. Al parecer le parecía un problema muy tonto, bajo su punto de vista tan despreocupado.
—Bah, si no vamos a entrenar me voy. —dije, molesta.
—No, te quedas aquí y aguantas esta risa. Mira, vas a decirme que no es divertido. Nunca creí que alguien pudiera sentirse intimidado con la inseguridad. Si no fortaleces tu amor propio, entonces estás perdida en