Estaba helada ante sus miradas inexpresivas frente a mí. Ema tomó mi mano con disimulo para darme fuerza, me veía como una asustadiza y débil muchacha. Si no hacía algo para cambiarlo, me devorarían.
Mi corazón casi se detiene cuando divisé a Kat del brazo de otra chica a lo lejos, en la pista de baile. Estaba aquí, santo cielo, se hallaba en el mismo sitio que yo y me odiaba con todo su ser. Ahora tenía peores problemas, la manada que estaba aquí no mostraba ningún indicio de querer aceptarme.