Grace
Eleanor me miró largo rato, examinándome la cara. Luego se rio. Se cubrió la boca e intentó contenerse, pero los hombros le temblaban.
Fruncí el ceño y me volví hacia ella.
—Eleanor, hablo en serio —dije en voz baja y tensa.
Me sonrió, todavía divertida.
—Sé que hablas en serio, se te nota. Siempre que te pones seria, te sale esa arruguita de frustración entre las cejas. Así que relájate. No pasa nada.
¿Que no pasaba nada?
Casi resoplé de incredulidad. No pasaba nada si pasábamos por alto