Grace
Hay momentos en la vida en los que no necesitas ni una neurona funcionando para darte cuenta de que estás jodida.
Ese era uno de esos momentos.
Mi cuerpo lo comprendió antes de que pudiera asimilarlo. El corazón me golpeaba las costillas. El calor me subió a la cara y cada segundo se volvía más insoportable a medida que aceptaba la realidad.
Era una mujer muerta.
Apollo Reed estaba apoyado con despreocupación contra la pared de azulejos, como si fuera el dueño de todo el mundo. Me recorrió