Apollo
No tenía idea de cuántas veces se había venido. ¿Dos? ¿Tres? ¿Más? Solo sabía que mi pene seguía entrando en ella y que estaba empapada; sus jugos nos cubrían a ambos.
El sonido de nuestra piel mojada al chocar resonaba por la cocina y hacía que mi pene palpitara con más fuerza mientras me hundía en ella. Con una mano la sujetaba por la cintura, bien pegada a mí, y con la otra le agarraba la pierna que tenía sobre mi hombro para mantenerla inmóvil. No le daba ninguna oportunidad de escapa