Grace
Una vez me mordió un perro. Apenas tenía siete años. Recuerdo el dolor punzante que me desgarraba la pierna, la sangre que me escurría y cómo se me quebraba la voz al pedir ayuda a gritos. Lloré esperando que alguien viniera, pero nadie lo hizo. Tuve que arrastrarme hasta el hospital, temblando y aterrorizada, mientras me apretaba la herida con mis pequeñas manos para contener la sangre.
Luego hubo otra ocasión, cuando tenía quince años. Llevaba días enferma, con fiebre y apenas capaz de s