LAYLA:
Las chicas estaban en sus respectivos escuadrones mientras yo permanezco acostada en mi pequeña cama mirando el techo y pensando en nada.
Escucho como la puerta es tocada y el aroma de un cazador llega a mi olfato y me levanto para ver de quién se trata.
—¿Se le ofrece algo?
Le pregunto al chico del otro lado de la puerta que me mira algo embobado.
—Oh, sí… Layla ¿Verdad?
—Si.
Respondo.
—El jefe ha mandado esto, dijo que te quiere lista para las ocho… Y por cierto mi nombre es Rafael, so