En la completa oscuridad y con las manos atadas, lo sentí abrirme las piernas y yo ya gemía de anticipación, mientras la piel picaba al tacto de los dedos que pasaban levemente por la cara interna del muslo.
- Relájate, Bárbara... Y disfruta el momento. Me la voy a comer entera... y luego la follo hasta que no aguante más y me suplique que pare.
Besó la parte interna de mi muslo y luego dio un ligero mordisco. Sentí que mi pecho se agitaba con la respiración dificultosa que comenzaba a entrar.