Sentí su lengua en la parte sensible de mi oreja y me estremecí. Luego envolví mis brazos alrededor de su cuello y lo besé como si el mundo se fuera a acabar en cinco minutos y solo fuéramos nosotros dos. Cuando terminé, lo saqué de mi cuerpo y dije:
- Envía el ascensor hacia abajo. Quiero irme.
- ¿Estás loca, Bárbara?
- ¡Ahora! - le ordené, con firmeza, mirándolo con frialdad.
Él no se opuso. Llamó a alguien y en cuestión de minutos el ascensor bajó.
Tan pronto como llegamos a la planta baja,