- Para que estés aquí... Algo salió mal.
- No es lo mismo. Y cuando eso suceda, te necesito conmigo.
- ¿Qué hora es?
- Dos de la mañana.
- ¿Qué paso?
No pude ver a Ben porque las luces estaban apagadas, pero la luz de la calle iluminaba un poco su rostro. Acaricié su suave mejilla, su piel suave y bien cuidada.
- No admitirá lo que siente. – dijo lleno de sentimientos.
- ¿No lo asumirás por ti mismo o por los demás?
- Ya se las arregló para tomarlo por sí mismo. Pero no hará eso con la familia.