- ¿Qué paso?
- Nada grave, pero necesito que vengas.
- No me preocupes, carajo.
- Estoy bien, lo juro. Yo solamente te necesito.
- Estaré allí en quince minutos.
- OK.
Me dirigía a la puerta cuando recordé mi abrigo, recogiendo a cualquiera en el frente y arrojándolo sobre mis hombros.
Necesitaba resolver la situación entre Sebastian y Milena de una vez por todas. Me dolía verlos sufrir a los dos cuando se amaban y habían sido apartados por sus familias egoístas y mezquinas.
Si no se llevan bie