Sonrió tímidamente:
- Me alegra que le haya gustado, Sra. Bongiove. Pero lo compré como lo pidió el Sr. Héctor.
Miré al rubio con la polla del medio y le pregunté con sarcasmo:
- ¿Y cómo te pidió Héctor que me compraras las bragas?
- Pequeña, de encaje, sexy y a la vez delicada.
Reí y agité mi cabeza:
- Eran todos perfectos. Y le encantó. - Garantizar.
Cindy me miró.
- ¡Hola hermosa! ¿Está listo? Ben se detuvo a mi lado.
- Nací listo, amor. – Me eché el pelo hacia atrás, respiré hondo y caminé