- Un regalo. No lo rechazarás, ¿verdad? Me sentiría muy ofendido si lo hicieras.
Saqué la caja de la bolsa, rasgué el empaque y lo abrí. Era un teléfono celular de última generación.
Miré a mi abuela, sin saber qué decir.
- Sólo di gracias. - Ella sonrió. – Sé que conseguir trabajo sin al menos un celular es muy difícil. Además, no quiero tener que molestar a Ben oa Salma cada vez que tengo que hablar contigo.
- Gracias abuela. - dije, levantándome de la silla y abrazándola.
Podía negarlo, pero