Isabela estaba acostumbrada a que su vida fuera una montaña rusa. Que hubiera cosas buenas y malas, sorpresas y decepciones, pero bien sabia ella que tener una racha tan buena no sería por siempre. Más bien, se preguntaba por dónde vendría la bomba porque tanta buena suerte junta no podía existir. Y no se había equivocado.
La llamada que había recibido Giovani la había dejado helada, tanto que sintió que no podía respirar y comenzaba a hiperventilar.
Tenía que reconocer que Allen era idéntico a