cap 3

Gael.

Me quedé muy sorprendido por la forma de actuar de Lorena. En estos cinco años jamás se había atrevido siquiera a dirigirme la palabra primero, y ahora había encontrado el valor para gritarme. Su amenaza me dejó sin palabras. Solo pude ver cómo su larga melena castaña desaparecía al salir de mi oficina.

¿Qué diablos había pasado? Siempre fue una muñeca obediente y servicial; jamás se había rebelado de esa manera. Vaya... al fin mi esposa se ha vuelto interesante.

Solo me casé con ella para mantener un vínculo con su nación. Además, la recordaba bien de cuando era una niña. Una vez asistió a un banquete en mi imperio. Debía de tener unos diez años.

Aquel día me había escondido en los jardines porque mis hermanos pasaban el tiempo atormentándome. Fue entonces cuando vi aquellos hermosos ojos azules observándome entre los arbustos. Pensé que era un sueño cuando se acercó a mí con una sonrisa y comenzó a tratarme como a un ser humano.

Fue la primera vez que alguien no me miró con desprecio. Fue una sensación completamente nueva.

Pero, para mi desgracia, me enteré de que estaba comprometida. Aunque un compromiso no es lo mismo que un matrimonio. Solo tuve que esforzarme un poco para conseguirla.

Sin embargo, cuando por fin la hice mi esposa, descubrí que me tenía miedo.

Era lógico. Se dicen cosas horribles sobre mí... y la mayoría son ciertas.

No tomé el poder de una forma honorable. Envenené a mi padre poco a poco y, cuando llegó el momento, acabé con la vida de aquel maldito anciano. Después fue mucho más fácil deshacerme de mis hermanos.

Los odiaba.

Muchos de ellos me hicieron sufrir durante años, y aquel día descargué sobre ellos todo mi odio y todo mi rencor. Me vengué de cada persona que alguna vez me hizo daño. Durante meses solo se escucharon gritos provenientes de los calabozos.

Pero, una vez que tomé el control del imperio, descubrí que mi padre lo había dejado en condiciones deplorables. Teníamos una enorme deuda con el imperio vecino y, para evitar que mi pueblo muriera de hambre, fui a la guerra en busca de riquezas y territorios con los que pagarla.

Aun así, aquel maldito emperador se negó a aceptar mi dinero. Dijo que estaba manchado con la sangre de inocentes.

Como si un imperio pudiera sostenerse con flores y dulces.

No me dejó otra opción. También lo ataqué.

Mientras conquistaba el palacio, encontré un retrato que me recordó a aquella jovencita que una vez me trató con dignidad. Seguía teniendo esos hermosos ojos azules, capaces de transmitir una calma tan profunda como el cielo o el océano. Una calma que yo jamás he conocido.

Antes de ejecutar a la princesa, le pregunté de quién era aquel retrato.

Con la voz temblorosa, me respondió:

—Lorena de Castro.

Si no recordaba mal, los Castro eran una familia de comerciantes. Poco después me enteré de que Lorena había sido educada para convertirse en emperatriz.

Aquel príncipe era un completo idiota por creer que una mujer tan hermosa permanecería a su lado para siempre.

Cuando terminé de conquistar el palacio, pedí casarme con ella.

Quería tenerla a mi lado.

Pero nunca vi amor en sus ojos.

Solo miedo.

Sin embargo, la libertad con la que hoy me habló, la fiereza y la rudeza que mostró, me recordaron a aquella niña que rechazó la compañía de los demás para quedarse conmigo.

Creo que, después de todo, esa niña sigue viva en su interior.

Y hoy me ha demostrado que está luchando por salir.

Será interesante ver en qué se convierte.

Creo que siente celos de Rebeca...

Será interesante descubrir qué hará con ella.

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