La oficina principal del sanatorio daba miedo, las pulcras paredes blancas daban más la impresión de estar encerrada en una jaula de contención de ira más que en un consultorio pulcro y limpio.
La incómoda silla que parecía no estar hecha para embarazadas ni personas con sobrepeso, apretaba un poco mi barriga por el adorno en un costado, nunca antes había visto semejantes muebles "mata gordos"
El hombre no me apartó la vista y no lo culpo, estaba paranoica después de la llamada, incluso me co