Cerca de 5 días habían pasado desde la visita al doctor y al orfanato y en la relación entre David y yo no había ningún tipo de cambio, parecíamos ser grandes amigos, pasamos las tardes enteras, después del trabajo dedicándonos tiempo a conocernos y muy en el fondo me tranquilizaba y me hacía sentir cómoda el respeto que había decidido poner hacia mi figura, aunque seguía hablando de sus intenciones de que yo formara parte de su familia.
De hecho, nos encontramos en un vuelo privado camino a