Noah y yo nos habíamos montado en un Range Rover negro que al parecer había rentado y nos dirigíamos a la parte central de la cuidad.
Por mi cabeza pasaba constantemente la palabra cita, aunque él ni siquiera la hubiera mencionado, pero es que vamos joder, era obvio.
Una emoción, de esas que te hacen gritar me inundó, y tuve que aguantar como campeona para no explotar y que se me notara lo feliz que me hacía que iba a tener una cita por primera vez.
El auto se estacionó en uno de los parqueos