84. Una vida en paz
Arturo dudó por un momento. Luego, lo dijo sin titubeos. ― Sí. Siento algo por ella. Y si me acepta, seré el padre de su hijo… y su esposo.
Damián lo tomó del cuello de forma amenazante. ― ¿De verdad crees que eres digno de ella?
Arturo se soltó del agarre de Damián y lo enfrentó con firmeza: —Es ella quien decide eso. Y mientras tú no seas el Rey, no tengo nada que discutir contigo.
En ese momento, el Rey apareció en la entrada, observando la confrontación entre ambos.
—¡Basta ya de sus peleas!