Mundo ficciónIniciar sesiónElla se quedó mirándome como nunca lo hizo. Sabía que yo estaba hablando enserio, por lo que la vi aguantarse el coraje.
De pronto miró al frente.
―No tienes las agallas.
―Ponme a prueba y lo comprobaremos.
Lo pensó. Ella lo pensó y yo conocía cuanto amaba su fortuna y que no se arriesgaría a vivir en la pobreza.
―Detén el auto ―ordenó al chofer quién la obedeció enseguida.







