—No vale la pena llorar por él. Solo me doy cuenta de lo estúpida que fui. ¡Qué ingenua y sin cerebro fui por amar a una persona tanto tiempo! Ni siquiera dudó en arrojarme a la prisión, dejarme pudrirme. Una persona que no me ha escuchado, que se encargó personalmente de incriminarme y dejarme medio muerta en todas las City Olens. ¿Quién era yo? ¿Por qué debería llorar?
Jerder escuchaba atentamente, esperando que su explicación fuera una oleada de emociones complejas. La luz que apareció en su