Damián
—¿Se puede saber qué piensas? —Inquiero al verla tan pensativa.
Ella voltea verme y muerde su labio.
—No sé cómo preguntarte.
—Sabes que puedes preguntarme lo que quieras, Antonella, yo siempre te responderé con la verdad.
No sé qué le preocupa.
—¿Por qué yo? —frunzo mi ceño por no comprenderla, de hecho casi nunca logro comprender sus interrogantes repentinas.
—No te entiendo, cielo.
Ella se acomoda mejor.
—Me refiero a por qué casarte conmigo cuando tienes detrás de ti mujeres hermosa