Daniela Lancaster
—Buenos días, hermano obstinado. —Saludo al Príncipe con un abrazo fuerte.
—Hoy estás muy cariñosa, eso no debe ser buena señal. —Dice el muy desgraciado.
—¿Quién te entiende? Si estoy triste es porque estoy triste, si estoy feliz es porque estoy feliz. ¿No puedo estar feliz? —Inquiero al sentarme en la silla para desayunar.
—¿No estabas por cortarte las venas ayer? —Achico mis ojos.
—Eres tan insensible, Damián. Estoy feliz porque por primera vez en mi vida he tomado la