Damián
Haberle dicho eso creo que fue un error. No quiero que se vaya. No puedo dejarla ir cuando me costó mucho tenerla conmigo.
«¡Carajo, carajo!».
Nunca había experimentado este miedo de perder a alguien, excepto a mi madre y mi hermana, hasta ahora que mis manos tiemblan por la simple idea de que ella se aleje de mí en realidad.
Si ella se va, mi mundo se viene abajo.
«¡Ay, no! ¿Qué carajos estoy diciendo? ¿Desde cuándo me he vuelto tan débil y tan sentimental? En serio comienzo a preocupar