Antonella
Damián y yo estamos de regreso en la casa. Mi bebé loco corre en mi dirección y ladra. De seguro me reclama el hecho de que lo abandonara. Lo subo a mis brazos y acaricio su melena. Lo apapacho como si fuese un osito. Francamente, lo extrañé.
Damián nos contempla. Por más que se haga el duro termina vencido por nuestro cariño.
—Si no regresaba pronto, tu madre me iba a quitar a la cabeza. —Lo toma y despeina su melena—. También te extrañé. Prometo llevarte para la próxima.
Se ve tan t