Desperté.
La Luna Llena se alzadaba poderosa encima de nosotros, tumbado sobre mi pecho estaba Dante. La herida de mi pecho estaba completamente curada, lo único que quedaba era una pequeña cicatriz que me recordaría durante toda mi vida lo que había pasado. Me encontraba mejor que nunca, sentía una fuerza nueva y poderosa dentro de mí una fuerza que hasta ese momento nunca había sentido, pese a eso permanecía allí tumbada sobre el suelo, asimilando en mi cabeza todo lo que acababa de pasar.