Mundo ficciónIniciar sesiónA principios de aquel febrero cruel, luego de recorrer unas cinco haciendas en busca del niño “robado” –que al final sabía estaba en nuestra hacienda–, me arrellané en una hamaca del corredor frente al patio vacío. Me sentía cansada, con los pies hinchados y el estómago a reventar. Serían quizá las seis de la tarde y aguardaba a que tía Amanda viniera de rezar para irme a dormir. Tirada en la hamaca, observ







