Mundo de ficçãoIniciar sessãoCon manos temblorosas, abrió una y empezó a leerla, agitada, despeinada y sudorosa, con la faz descompuesta, parpadeando como si no pudiera resistir el contenido de la misma.
—¡Es que yo te mato, yo te mato! ¡Puta! ¡Puta! —bramó, mientras se abatía nuevamente contra mí. Desesperada, traté de quitármela de encima y Luisa y Emiliana se metieron a ayudarme.
—¡Basta ya, Amanda! —le rogab







