Mundo ficciónIniciar sesiónTodos los días se levantaba tarde, casi a las doce del mediodía para desayunar. Yo llegaba en la tarde del instituto y se disgustaba porque no había llegado antes, aunque no lo decía. A veces pasaba semanas sin hablarme, sentado frente a su teclado o con su guitarra colgada del cuello, su cabezota llena de ondas hermosas, perdido entre ideas y notas, vociferando alguna cosa a Roberto con una ferocidad que me hacía estremecer en la cocina mientras lavaba los







