Mundo de ficçãoIniciar sessão—¡Claro que sí! —respondí a la defensiva, con los ojos chispeantes de vergüenza, pero a decir verdad, nadie nunca me lo había dicho, ni siquiera Adal—. Hacerlo o no es una elección. —Y sonrió pícaramente, preparando todo para afeitarme—. No quiero hacerlo, así estoy bien.
—No —contradijo, arrodillándose frente a la cama—. Ya ese estilo pasó de moda. Vamos, dé







