Horas después, el estruendo de mo despiertan a Alana, entre lágrimas, se había caído rendida en el suelo. Se levanta con paso pesado y se acerca al balcón, solo para presenciar una escena desconcertante: varios hombres de negro rodean los flamantes coches estacionados frente al castillo. Alana no puede evitar preguntarse una y otra vez en qué estará metido Izan. Todo lo que rodea a ese hombre destila peligro y misterio.
Lo ve salir imponente en su silla de ruedas. A pesar de su condición, Alana