El frío mordaz de Rusia lo recibe a Pavel con una bofetada al salir del aeropuerto, y un coche espera en la salida, con Tobías al volante. Pero la tensión en el aire es palpable, como una tormenta a punto de desatarse. La mano de Pavel se cierra alrededor de su cuello, la presión cortando el oxígeno.
—¿Qué demonios haces aquí? ¿Dónde diablos está Ariel? —la voz de Pavel es un trueno, cargada de furia contenida.
—Amigo... —la voz de Tobías apenas es un susurro, sofocada por la garra de Pavel—, e