Lo miré y dije con frialdad:
—Iván, no tenemos nada de qué hablar.
—Vete. No me busques más.
Iván me miró con súplica en los ojos:
—Sofía, sé que me equivoqué.
—Ya no me casaré con Elena. Solo te amo a ti.
—¿Podrías perdonarme?
Su actitud sumisa no se parecía en nada al hombre que solía ser.
Parecía un amante arrepentido rogando por otra oportunidad.
Solo me daba asco.
Al recordar la noche de nuestro aniversario, él y Elena entrelazados en la cama, sentí que todo era repulsivo.
No quise m